Llegó una de las noches más esperadas del año. Santa Cruz de Tenerife era el escenario elegido para poner el broche final a una gira europea, Aerovederci Baby Tour, que pasó por prácticamente todas las grandes ciudades del viejo continente. Con una puntualidad exquisita, comenzaron a subir al escenario y a ocupar posiciones Joey Kramer, Tom Hamilton y Brad Whitford. Justo cuando empezaban a sonar los primeros acordes de Let the music do the talking, saltaban al escenario los dos grandes protagonistas de la banda: el guitarrista Joe Perry y el incombustible Steven Tyler. Con ellos, llegó el primer subidón de adrenalina para las 20.000 almas que se dieron cita en el Heliodoro Rodríguez López. Siguieron con Toys in the attic para rendir homenaje a sus fans de toda la vida con los dos primeros temas. Tras ese guiño, lanzaron un auténtico arsenal de rock & roll: Love in a elevator, Livin´on the edge, Rag Doll y Falling in love. Un auténtico recital de voz, movimientos y unas guitarras endiabladas. Capaces de interpretar sobre el escenario que necesitábamos una tregua, descansar la garganta y refrescarla, se sacaron de la chistera y con la voz de Perry, Stop messin´aroundOh well, completó la sección blues del espectáculo. El público quería más. Deseaba una noche histórica. Con los primeros compases de Janie´s got a gun y Chip away the stone volvimos a ponernos en alerta: a estos señores les va la marcha. A partir de ahí, sacaron lo mejor de sí para poner la piel de gallina a la isla con una ligera introducción de piano que llevaría al momento culmen. Steven Tyler pidió un sombrero a quienes se situaban en primera fila, con él en su cabeza comenzó I don´t want to miss a thing y dejó que le acompañasen 20.000 voces. Espectacular. El romanticismo les duró poco a los de Boston. Come together y Sweet emotion volvieron a meternos el rock por vena. A ritmo de percusión llegó el trío perfecto: Eat the rich, Cryin´y Dude (looks like a lady). La noche era perfecta. La voz y movimientos de Tyler no eran los de un señor de 69 años. La guitarra de Joe Perry estaba poseída por el mismísimo diablo. Tenía al mejor escudero posible con Brad Whitford acompañando con su Gibson. El bajo de Tom Hamilton se dejaba llevar por las baquetas de Joey Kramer. Con ello llegamos a la retirada momentánea del escenario de los "chicos malos de Boston". Tiempo que dedicaron sus asistentes para colocar un gran piano de cola blanco con una pequeña escalera incorporada por un lateral. Lo situaron en la pasarela, lugar al que accedió Tyler a pecho descubierto, caminando con su peculiar estilo y abriendo los brazos para captar la entrega total del público tinerfeño. Tras tomar asiento, sonaron los primeros acordes de Dream On y el delirio al ver que Joe Perry llevaba enfundada la camiseta del Tenerife con el dorsal 6 y su nombre. No tenían que meternos en el bolsillo. Lo habían logrado desde que salieron al escenario. Pero ese gesto, los coronó. Un espectáculo en toda regla ver al guitarrista subido al piano (sí, subido a él) y posteriormente el propio Steven Tyler para rendir tributo a James Brown y su Mother popcorn. Como broche final, no podía faltar a la cita una canción que sirvió para fusionar el rock con el hip hop de la mano de los Run DMC. Walk this way supuso el final de una gira por Europa que si fue similar a lo que vivimos en el Rodríguez López, pongo en duda que no regresen al viejo continente. Tienen cuerda para rato. 2 horas de puro rock. 2 horas de puro éxtasis. Posiblemente, se haya echado en falta algunos de sus grandes éxitos como Crazy, Amazing o Mama Kin. Pero nada que reprochar. Solo agradecer. Ahora toca esperar a saber si Fundación CajaCanarias sigue con este tipo de conciertos o no...  ¿Bon Jovi el próximo verano quizás?