Seguro que muchos aún lo recuerdan. Arturo Pedrero revolucionó a la sociedad con su caso en 2013. Este joven tinerfeño posee una discapacidad motora en el brazo derecho, pero eso nunca fue un impedimento para que estudiara la carrera de medicina y superara posteriormente el examen para obtener plaza como Médico Interno Residente (MIR). Eligió la especialidad de medicina de familia y comenzó a trabajar en un centro de salud de la zona norte de la isla.

En junio de 2013, después de dos meses ejerciendo, se sometió a un reconocimiento médico y le declararon “no apto”. Él consideró que esta prueba no debería ser válida, ya que no le habían realizado una evaluación adecuada de su discapacidad.

Una semana más tarde, le comunicaron que estaba en marcha un contencioso-administrativo en el Ministerio de Sanidad, por considerar que su minusvalía dificultaba las competencias requeridas para ejercer esa especialidad. A Arturo le pareció muy injusto y decidió luchar por ello. “Siempre supe que tenía una limitación, pero jamás pensé que supusiera un impedimento para conseguir mi plaza; nunca se me dio la opción de demostrar que era apto, así que no me iba a quedar con los brazos cruzados.”

Al cabo de seis meses, pese a haber intentado evitarlo por todos los medios posibles, tuvo que dejar el centro de salud en el que trabajaba. Fue en ese momento cuando decidió llevar a cabo una denuncia pública a través de la plataforma Change.org, lo que supuso un enorme éxito: un total de 100.000 firmas en apenas dos semanas; la gente se volcó de lleno con su caso y fue tanta su repercusión, que muchos políticos llevaron su historia al Congreso de los Diputados, llegando hasta Ana Mato, Ministra de Sanidad en aquel momento. De esa forma, consiguió que alguien en su nombre se desplazara hasta Tenerife y se reuniera con él, pero a pesar de mostrarle su apoyo, le transmitió que ya no había forma de retrotraer la decisión y poder recuperar su plaza.

Sin embargo, a raíz de su caso, se dictó un Real Decreto con el fin de que aquellos que se consideraran “no aptos” por estos motivos, tuvieran la posibilidad de cambiar de especialidad sin tener que repetir el MIR. No obstante, al carecer de carácter retroactivo, se tuvo que presentar de nuevo al examen, consiguiendo esta vez una nota mejor que la anterior y escogiendo en este caso la especialidad de medicina preventiva.

Desde 2014, Arturo Pedrero ejerce como médico residente en el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, en el distrito de Ofra-Costa Sur. Hoy, tres años después de lograr su objetivo, queremos saber cómo se encuentra este joven que consiguió contar con el apoyo de muchos que, como él, consideraban que se había cometido una enorme injusticia.

 

¿Cuándo supiste que querías ser médico?

No lo tenía nada claro. Llegué incluso a plantearme estudiar Física o Astronomía, que no tenían nada que ver con la medicina, pero al final, me gustaba tanto el poder ayudar a los demás e implicarme de alguna manera en el bienestar de las personas, que me decanté por ella...

¿En qué se basaron para concluir que eras “no apto” para seguir ejerciendo tu trabajo?

No lo sé… A mí se me hizo un reconocimiento como el que se le hacía a cualquier residente que entraba a esa especialidad, sin hacerme una valoración de la discapacidad como tal. La decisión de que yo no ejerciera fue prácticamente un trámite burocrático, es decir, no hubo ninguna base de peso para ello…

¿Crees que las personas con discapacidad tienen las mismas oportunidades para encontrar un empleo?

Debería ser así… Es cierto que la sociedad actualmente está más concienciada sobre la igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad. Y eso influye también en la decisión del propio entrevistador, por las repercusiones sociales que pueda suponer que no realice una valoración adecuada o que juzgue a alguien por el simple hecho de tener una discapacidad. Se deben tomar medidas adaptativas para que esas personas puedan ejercer con las menos dificultades posibles.

Más de 100.000 firmas en dos semanas, ¿cómo valoras todo el apoyo que recibiste?

Saber que tu voz se está oyendo en tantas partes es algo que no se puede explicar… Tuve la oportunidad de que la gente conociera mi caso y se diera cuenta de lo incongruente que había sido y la manera tan injusta en la que se había llevado a cabo.

¿Crees que sin ese apoyo todo hubiera sido igual?

Obviamente no… Eso fue como un “trampolín”. El hecho de que llegara a tanta gente gracias a esa plataforma social y pudiera transmitirse a tantos lugares, fue algo abrumador. Hubo un antes y un después tras esa denuncia pública. Antes llevaba a cabo solo la vía del diálogo a nivel local y a partir de ahí fue un “boom” y llegó a donde llegó...

¿En algún momento pensaste en tirar la toalla?

Nunca… Tengo la discapacidad desde que nací, y siempre ha sido un hándicap para poder llevar a cabo una vida normal, (aunque en realidad no he tenido nunca grandes dificultades, pero siempre ha sido una especie de auto exigencia para poder hacer las mismas tareas que cualquier persona) y esto ha hecho que no me tenga que sentir inferior a los demás. Después de seis años estudiando la Licenciatura lo veía muy injusto y no me podía quedar sin hacer nada. Me lo planteé como algo que debía afrontar y sacar adelante sí o sí.

¿Qué crees que determina ser un buen médico?

Ser comprensivo, ponerse en el lugar del paciente y empatizar con el sentimiento que pueda estar teniendo esa persona. Para ser un buen médico creo que también debes ser una buena persona, es decir, además de ser profesional, debes tener una disciplina propia en la que no tengas prejuicios previos; tener una visión amplia para todos los casos que te puedan llegar. No por saber mucha medicina o ser un “crack” en una determinada técnica ya tienes que ser bueno; también es importante la percepción que pueda tener sobre ti el paciente. Creo que los conocimientos médicos tienen que ir acompañados de ese “feeling social”.

Después de tanta lucha, por fin conseguiste tu plaza como residente, ¿qué le dirías a esas personas que te lo complicaron tanto?

Simplemente, les diría que estoy muy bien, que me ha servido para seguir creciendo personalmente y continuar afrontando mi día a día igual de feliz que siempre. Digamos que a nivel social fue una especie de “paliza” para ellos, porque no se esperaban nunca que mi reacción fuese a ser esa; creyeron que me iba a quedar callado y que mi caso no llegaría más lejos… Creo que la situación se les fue de las manos y que ni ellos mismos sabían cómo salir del paso...

Ha servido para abrir un camino a muchas otras personas con casos similares en España. ¿Se pusieron en contacto contigo desde otras comunidades?

Sí, muchos casos parecidos al mío, y no solo de personas con discapacidad física sino de cualquier tipo. Se han puesto en contacto conmigo para saber cómo estaba mi situación actualmente y cuál eran los pasos a seguir para poder afrontar un caso como el mío. Algunos también me han comentado que no han tenido que repetir el MIR porque les han dado la oportunidad de elegir otra especialidad tras no ser apto en una de ellas.

¿Alguna vez te has sentido discriminado por tu discapacidad?

Aparte de esta situación particular, nunca. Ni a nivel social ni individual. No me he visto ni más ni menos favorecido, siempre he recibido un trato de igual a igual y nunca me he sentido comprometido porque se me estuviera tratando de forma diferente por mi discapacidad…

¿Te limita tu minusvalía a la hora de realizar tu trabajo?

No, en nada. Incluso en la época en la que estuve ejerciendo como médico de familia. Es verdad que a veces había algunas maniobras que me resultaban más complicadas, pero siempre buscaba la alternativa para poder hacerlo de manera independiente.

¿Cómo te sientes ahora, tres años después de haber conseguido ese objetivo por el que tanto has luchado?

Feliz. Siempre me he sentido feliz, pero ahora es como la recompensa a todo por lo que he luchado desde el primer momento. Es como una satisfacción doble y estoy en una situación en la que no me puedo quejar, es mi tercer año de formación y muy contento con todo; recibo un trato de igual a igual y me llevo muy bien con todos mis compañeros.

Un consejo para todos aquellos que deben superar obstáculos para conseguir lo que quieren...

Que nunca se echen atrás. Da igual que sea a nivel profesional o personal, nunca se saben las situaciones a las que uno se va a tener que enfrentar, siempre ocurren cosas que quizás no vas a saber interpretar y el camino no va a ser cómo te lo imaginabas, pero siempre hay alguna alternativa. Si persigues un objetivo, busca la manera de conseguirlo sin pensar en las dificultades que te puedas encontrar.

 

Arturo Pedrero aunque ha conseguido mucho, cree que todavía se podría mejorar la legislación vigente. Actualmente una persona con discapacidad, que sea considerada “no apta”, tiene la posibilidad de elegir otra especialidad sin necesidad de repetir el examen del MIR como le ocurrió a él.

Este tinerfeño de treinta años es un claro ejemplo de que nunca hay que tirar la toalla... Se debe luchar siempre por lo que se quiere y por aquello que se considera justo. Sus estudios, su trabajo y las valoraciones positivas de pacientes y profesionales que han trabajado con él, avalan su capacidad para poder seguir ejerciendo su profesión sin ningún tipo de problema. El gran apoyo que recibió y su incansable lucha han conseguido que, tres años más tarde, continúe trabajando en aquello en lo que siempre soñó…